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viernes, 22 de abril de 2016

En Sevilla empezó a volar sola


Me enteré por la SER que la periodista Marina Romero ya sabe para qué ha venido a este mundo. Ella, que se considera bastante agnóstica, lo descubrió cuando decidió ser donante de médula. Gracias a su generosidad un niño o una niña (no lo sabe) pudo curarse. 
La conocí cuando Marina era miembro de la primera junta directiva  de la Asociación de la Prensa de Sevilla que tan dignamente presidió Rafael Rodríguez Guerrero. Recuerdo que una tarde de aquel año nos enfrascamos en una conversación, vía digital, que resumo así: 
-Marina, ¿dónde estás?
-Donde más me gusta: delante de un ordenador, con el tercer café del día en el cuerpo, móviles, en el del trabajo tengo puesta la melodía de los Fraggle Rock: “hay que trabajar, no podemos descansar, tus problemas déjalos…”
-¿Aparentas lo que eres?
-Por fuera soy como una roca. Soy durilla de pelar. Por dentro me duelen las cosas… sufro mucho… le doy muchas vueltas a la cabeza… y aún lloro con Mary Poppins.
-¿A qué has dado últimamente  un  carpetazo?
-A una mosca, y ha sido un libretazo… no es broma,¡es literal!
-¿Dónde creciste? 
-En una casa en la que se habla, se habla sin parar. Y, lo más importante, una casa donde se dicen muchas cosas además de hablar y donde también se me ha enseñado a no quedarme callada. 
-¿Eres más protagonista que testigo?
-Me gusta meter las manos en la harina. No paro quieta. En mi tierra se dice “estar en el plato y en la tajá”… pues eso, no me gusta quedarme mirando. La vida es mucho más divertida cuando haces cosas.
-¿Te has preguntado si tiene sentido tu vida profesional?
-A diario me pregunto: ¿Por qué entre todos nos estamos cargando la dignidad profesional? ¿Por qué la gente desde fuera piensa de un periodista que es alguien afortunado? ¿Por qué no estamos más protegidos y por qué no nos cuidamos más los unos a los otros?.
-¿Quieres mirar a tu alrededor?
-Claaaro… Tengo enfrente unas vistas muy bonitas del Aljarafe… he aprendido a que no sólo me gusten los rincones más bellos de esta ciudad, sino también los lugares donde hago mi vida, donde viven mis sobrinos, donde me he hecho una mujercita. Sevilla siempre será el sitio donde eché a volar sola.
-¿Qué hora es ya?
-La hora de hacer algo, de ser más solidarios, de empezar a cambiar las cosas que no nos gustan. Creo que se puede hacer, 

lunes, 18 de enero de 2016

Roma, Nueva York, París…


Alguien nos hizo entrar imaginativamente en el Vaticano. Estábamos en las instalaciones  deportivas del Círculo Mercantil cuando José Luís Alonso habló de un periodista, paisano suyo. Cuando fue presentado a Juan Pablo II como nuevo corresponsal de Televisión Española ante el Vaticano, el papa le dijo que “España era muy especial; primero le mandó una rosa, después una paloma y ahora un ángel”. El pontífice se refería a Rosa María Calaf, a Paloma Gómez Borrero y a Ángel Gómez Fuentes.
Ángel es de la localidad toledana de El Toboso. Trabajó en El Correo de Andalucía. Recuerdo que en unas fechas muy significativas para este periódico escribió un reportaje de altos vuelos. Era el mes de octubre de1974. La Sociedad Protectora de Animales de Munich había enviado a Sevilla, en un avión de Iberia 11.000 golondrinas que no lograron sobrevolar los Alpes por el frío. En Alemania esperaban que desde nuestros cálidos cielos pudieran emigrar.    
Ángel vive  en Roma. Tiene motivos. Su esposa es italiana  y sus dos hijos han nacido  en la Ciudad Eterna y allí lleva la corresponsalía del diario ABC. Ha trabajado para TVE en Nueva York y en Paris. A sus 66 años no ha logrado superar su adicción al periodismo.  

lunes, 19 de enero de 2015

Periodista el padre, periodista la hija

─¿Cómo se portó Emilio Romero, director del diario “Pueblo”, con tu padre cuando fue encarcelado? 
─Vamos a hablar de otras cosas, dijo Nina. 

A finales de noviembre de 1961 se produjo la inundación del arroyo Tamarguillo, que afectó a más de 125.000 sevillanos. El periodista Manuel Benítez Salvatierra escribió en el diario “Pueblo” que la desidia y la incompetencia de las autoridades habían provocado el desastre. Enseguida fue detenido por orden del gobernador civil de Sevilla Hermenegildo Altozano Moraleda e ingresado en prisión. 
Cuando años después hablé con Nina, veía el paso de su padre por la cárcel un poco desdibujado en los pequeños detalles, pero muy claro en lo esencial. Decía que la actitud del gobernador fue un abuso de poder y una manera de vengarse de su padre por su postura contra los miembros del Opus Dei, expresada en más de una ocasión en sus trabajos periodísticos.

Benítez Salvatierra era falangista desde que tenía quince años, con carné firmado por José Antonio Primo de Rivera. En más de una ocasión ella le dijo que Franco les había traicionado. Pero él, sabiendo que la idea originaria de la Falange había sido manipulada, no quiso cambiar de chaqueta. Estas eran sus discusiones ideológicas.

-¿Cómo sentía la amistad?
-En términos generales, mi padre sentía la amistad de una forma profunda e incondicional. 
-¿Hasta el punto de buscarle compañía interesante cuando Emilio Romero se desplazaba a Sevilla? 
-Mi padre jamás buscó una mujer para Emilio Romero, porque éste tenía su "buscamujeres" particular. Pero si Emilio Romero, su director y jefe, le manifestaba su deseo de dar una conferencia, él se la organizaba; si quería ver el Alcázar fuera del horario de visita y acompañado de Romero Murube, mi padre hablaba con Romero Murube y éste le explicaba el Alcázar mejor que nadie.
..
Benítez Salvatierra murió una noche de febrero de 1977. Dirigía el periódico "Suroeste". No dejó propiedades. 

María Ángeles Benítez, “Nina Salvatierra”, falleció en octubre de 2004 a los 57 años. Trabajó en el centro territorial de RTVE, en La Palmera. A iniciativa del presidente de la APS, Rafael Rodríguez, será nombrada el próximo jueves “Socia de Honor” de la Asociación de la Prensa de Sevilla para honrar, aunque tarde, su memoria. Dejar huellas es una hermosa y legítima ambición de sobrevivir. 
(La fotografía es de Paco Sánchez)

miércoles, 16 de octubre de 2013

Jesús Quintero viene de los cerros donde muere el sol

El actual tesorero de la Asociacion de la Prensa de Sevilla, José  María Gutierrez García “Guti” trabajó con Jesús Quintero. Le pregunté si el Loco de la Colina lo había hecho más cuerdo. Esta fue su respuesta:
-Para mí fue una auténtica escuela de periodismo en mis más remotos inicios en esta profesión en 1982. Hacía un programa muy cuerdo, lo único loco era el título. Creo que fue el programa donde mejor se ha practicado el género de la entrevista, que es el género que más me gusta del periodismo.
Tiene razón “Guti”. Por algo, una de las aulas de la  facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Málaga se llama Jesús Quintero cuya foto aparece en este comentario. Data  de los años en los que el famoso y popular periodista quizá rezase  como uno de sus poetas predilectos: “Ahí andamos, Señor… Vengo de los cerros donde muere el sol.” (Walt Vhitman)
En los cerros, en la colina,  el Loco conseguía un climax que sólo tres personajes, a los que entrevistaba, se lo rompían: Manuel Fraga Iribarne que no paraba de mirar el reloj; Enrique el Cojo que cada tres minutos se levantaba para ir a mear y el poeta argentino Atahualpa Yupanqui que se enfadó. Esto se lo contó el propio Quintero a Vázquez Montalbán. Por supuesto que el argentino no cantó en aquel programa aquello de “Hay una cosa en la vida más importante que Dios: y es que naide escupa sangre, pa' que otro viva mejor.”

sábado, 12 de octubre de 2013

Tiempos de gozo

En la fotografía Antonio López, Lola Dominguez, Amelia Galocha, Fernando Gelán, María Jesús Pereira, Pepe Elías y Pepe Guzmán. Posaron en la Redacción de El Correo de Andalucía. Eran días en los que trabajar allí no era problemático.
Guzmán vive en los cipreses del recuerdo. Elías sigue en el periódico, sin echar balones fuera. Gelán lleva cincuenta años de profesión y más que le deseamos. Antonio enseña en la Facultad de Comunicación y escribe. Su último libro: “El peligro y su memoria”. Lola trabaja en la televisión de todos. Maria Jesús, en ABC. Me dijo recientemente que si viera a Amelia no la conocería.
Los periodistas que aparecen en la foto, y los muchos que no  figuran, dedicarían  a El Correo estas palabras de Neruda:
“Para sobrevivir te forjé como un arma, como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda”..

martes, 28 de mayo de 2013

Reflexiones para vivir mejor

¿Qué somos los periodistas?, me preguntó Antonio Ramos, el pasado enero, en una fiesta a las que acudieron muchos informadores.
Yo le acerqué un plato de tortilla. Cogió un trozo, se lo comió y dijo:
Un periodista es un periodista y punto. Y será un reportero, un entrevistador, un articulista… Nosotros somos periodistas, como un médico es un médico, a tiempo completo. Queremos que nos dejen como estamos, de periodista a secas, sin contaminaciones que perturben nuestras conciencias.
Pedí a un camarero cerveza sin alcohol. Él siguió hablando:
Las circunstancias han roto este principio profesional del periodista. Y lo ha llevado a situarse en las fronteras de otras disciplinas de la comunicación, la publicidad, las relaciones públicas, las asesorías… Y así estamos. En tierra de nada. “Nos han robado la cartera…”
El camarero que traía la cerveza se alarmó. No se si escuchó lo que yo oí después: “de nuestra identidad”.
Antonio comenzó a saborear una copa de vino tinto. Después de dos pequeños sorbos comentó: Siempre he dicho que si una empresa o una entidad te financia una promoción de libros o de cubiertos de plata siempre te pide algo a cambio. Está comprando la libertad del medio y, en definitiva, está amordazando la libertad de expresión de los periodistas de ese medio.
Él, que fue director sucesivamente de varios periódicos, lo sabía por experiencia.
Otro tinto, otra cerveza. Los calamares están buenos y las ideas de mi compañero también:
Fijate lo que te digo, estamos participando de una parafernalia, de una puesta en escena organizada por quienes forman parte de las crisis que atenazan a los periodistas de hoy. Son los que nos ofrecen el perfume de sus botafumeiros… Unos te regalan un elogio, otros te financian un premio, otros te costean un generoso convite… Y así se escribe la historia de un colectivo profesional en una encrucijada de la que resulta difícil salir.
Más pinchos. Más reflexiones de Ramos:
Estamos obligados a reflexionar sobre el precio del pan que comemos en un día de festejos patrocinados. Porque no es nuestro pan. Pero nos lo hemos comido. ¿Y ahora qué? Podríamos seguir hablando… Me da pena estar aquí.
Los dos permanecimos hasta el final de la fiesta.

jueves, 21 de febrero de 2013

Rebelión de Periodistas

Luis Venancio Agudo
Batallita: relato  corto que ocurrió en el pasado, en el que el narrador tiene un papel protagonista y que resulta aburrido escuchar o leer. (Versión libre de la definición que da la Real Academia).
Es una lástima que lo que a continuación se cuenta no reúna los requisitos para merecer el digno nombre de batallita. Primero, porque el narrador no tuvo un papel protagonista. Y segundo, porque el que esto relata tiene la esperanza de que el lector, si se cansa, se vaya a otro vecindario digital.
19 de octubre de 1972. Los periodistas de El Correo de Andalucía envían a la Asociación de la Prensa de Sevilla un escrito en el que formulan quejas de trato incorrecto en el orden laboral contra el director del citado diario, Luís Venancio Agudo, que lleva en el cargo cinco meses. Los firmantes piden la remoción del titular de la dirección, como única solución.

jueves, 14 de febrero de 2013

Profesiones que matan

Una osadía de José Luis Cebrián, refiriéndose a los periodistas:
“Somos zombies. Ya nos hemos muerto. Lo que pasa es que, como buenos zombies, nos negamos a pensar que estamos muertos. Nos sentamos con los demás y ellos saben que somos zombies, pero nos aceptan a la mesa”. (Gorrón serás tú).
Las líneas anteriores, menos lo de gorrón, las leí ayer en el libro de Lluis Bassets, titulado “El último que apague la luz”. Es una obra que trata de la extinción del periodismo.
Y a la salud del periodista José Luis Cebrián cuento lo que sigue:
El último verdugo titular de la Audiencia Territorial de Sevilla se llamaba Bernardo Sánchez Bascuñana. Nació en Carrión de los Céspedes. Antes de que su oficio se extinguiera en nuestro país tuvo ocasión de quebrar con pericia, a la altura de la cuarta vértebra, el espinazo de cada uno de los tres condenados a garrote vil, produciéndoles la muerte por estrangulación y asfixia, según me comentó el abogado don Manuel Rojo Cabrera. Esto tuvo  lugar el 4 de abril de 1956, al amanecer, en el patio interior de la antigua cárcel de nuestra ciudad, mientras 2.000 presos guardaban silencio en las celdas. A los reos les comunicaron que iban a ser ajusticiados diez horas antes.
Solicitaron presenciar las ejecuciones tres vecinos de Sevilla. Uno de ellos se apellidaba Pulido y tenía una gestoría.
Los condenados habían matado a puñaladas a dos hermanas que regentaban el estanco de la calle Menéndez Pelayo, número 24.
El verdugo, que hacía versos, había enviudado dos veces. Debutó, como si dijéramos, en familia: En 1949 ejecutó a una mujer; María Domínguez Martínez, que era prima suya. Ejerció el oficio en diecisiete ocasiones. Murió de cáncer en 1972.