Mostrando entradas con la etiqueta represión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta represión. Mostrar todas las entradas

domingo, 21 de octubre de 2012

Por menos se cesaba antes a un ministro de Educación

El 22 de diciembre del año pasado el premio gordo de la lotería nacional tocó a vecinos de Grañén (Huesca) y ese mismo día José Ignacio Wert fue agraciado con un Ministerio que está dotado con una cuantiosa suma de Educación, Cultura y Deporte.
La localidad de Grañen es de origen romano y en el siglo XII comenzó a depender directamente del rey Pedro I de Aragón.
El ministro Wert no está bajo el dominio de realeza alguna, aunque el rey de España expuso al que gobierna la nación su descontento por la frase que pronunció el citado ministro en el Congreso de los Diputados: “Hay que españolizar a los alumnos catalanes”. El autor de la ocurrencia no ve nada reprobable en usar el verbo españolizar. Cada cual piensa  como quiere. Su compañera de partido Esperanza Aguirre,  cuando los responsables de Endesa decidieron en 2003 trasladar a  Cataluña  la sede social que estaba en la capital de España,  manifestó que era una mala noticia para la Comunidad de Madrid que una empresa española tan importante se ubicara fuera del territorio español. Aguirre o cometió un error involuntario o le traicionó el subconsciente, detalle este último que hubiera producido gozo a Mas de uno.

martes, 29 de mayo de 2012

La Brigada Político Social de Sevilla y otras crueldades

El tercero de la foto es José Hormigo,
en un mitin en las primeras municipales.
Año 1979. 
El hombre ponía la cabeza en la nieve y los pies hacia arriba, atados con dos cuerdas a un algarrobo. Aquellos días nevaba mucho en Teruel y España estaba en guerra. El hombre, en esa difícil postura, se quitaba el dolor de estómago, porque no quería que le llevaran a un hospital ni a la retaguardia. Luchaba   en el frente republicano. Era de El Saucejo y  socialista. Había  participado en la guerra de de África. Allí enfermó por beber en los charcos  y por la mala comida. Después fue jefe de la policía municipal de su pueblo. Lo abandonó en septiembre de 1936 cuando entraron las tropas golpistas. En aquella fecha era padre de una niña de pecho y de tres niños. El mayor tenía once años. “Los caciques del pueblo no lo mataron porque, cuando la guerra civil,  impidió que quemaran una iglesia en el Saucejo,  pero después lo mataron de hambre por haber sido Jefe de la Policía Municipal en la República. Trabajó  en el canal de los presos, en una brigada mixta, formada por presos y por libertos o presos en libertad. Yo, con 14 años, iba a ver a mi padre. Me  caían bien aquellas  gentes”, me dice  José Hormigo González.

lunes, 23 de abril de 2012

¿Es usted familia del difunto?

Siendo niño, José Hormigo vio, subido en un olivo, cómo fusilaban a un hombre en el cementerio de Baza. No se perdió las palabras que pronunció el reo cuando tuvo la oportunidad de expresar su última voluntad: “quiero fumarme un puro”.
-¿Qué ocurrió?, José.
-Este hombre, que era Guardia de Asalto, había matado en el cuartel a un teniente y a otro compañero creyendo que había llegado la hora del golpe de estado que se estaba gestando entre ellos, ya que eran las únicas autoridades que había en el pueblo. Mientras fumaba no paraba de hablar. Dijo que había sido un traidor. Y a uno de los que le iban a matar le ofreció la chaqueta de cuero que llevaba puesta y como se la aceptó, se la quitó y se la dio.
-¿Consumió el puro?
-Sí. Y oí el “apunten, fuego” y vi cómo el hombre cayó al suelo y daba botes. Yo también caí del olivo, igual que los chavales que estaban en otros árboles. Al vernos los guardias nos montaron en un camión y nos hicieron sentar en un ataúd vacío que llevaban. Yo iba en cuclillas porque no quería tocar el féretro, pero cada vez que el camión cogía un bache parecía que el ataúd me mordía el culo. Y así hasta llegar al pueblo. Eran los finales de la guerra civil.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Hay lucha de clases en estos días


“Todo apunta a que tendremos que refrescar el concepto de lucha de clases  ante los duros ataques  que estamos sufriendo los trabajadores. Y ante esa situación necesitamos  personas  que den la talla de quienes te he nombrado y otros muchos más. Y no es fácil”. Así se expresó, al despedirse,  el  vicepresidente de la asociación Memoria, Libertad y Cultura Democrática. Se llama José Barragán Pilar. Es un extremeño de  57 años, que se dedica a la informatización y digitalización de archivos. Había nombrado a  José Hormigo, Antonio Iglesias, (los dos estuvieron encarcelados) a Jaime Baena, Ángel Oliveros y a Lolo Cervera. 
-¿Qué no es la Asociación Memoria, Libertad y Cultura?
-No es un refugio para la nostalgia. Como dice Antonio Iglesias  ¿nostálgicos de qué, del sufrimiento, de la ausencia de casa y la familia?  No es un arma para ‘ajustar cuentas’, aunque quedaron cuentas pendientes. Y  quienes heredaron esas cuentas  quieren pasar la factura a los demócratas que les dimos el crédito para que subsistieran.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Las bellas artes de una docente

Hay un monumento de bronce en Coria del Río a los represaliados del franquismo que quizá de noche sueñe con un poema de Miguel Hernández. Ese que dice “para la libertad sangro, lucho, pervivo”. Se lo dejó la autora de la escultura, Ángeles de la Torre Bravo, la primavera pasada, con una rama de azahar.
Piensa ella que había hecho con bronce un ejercicio de democracia: poder expresarse libremente. Cree  que es fundamental la memoria, recuperar el sentido último de nuestra existencia. Dice que necesitamos que nos cuenten. Así que, a través de su escultura, se puede narrar una lucha, un ideal, una tragedia...
-¿Hace falta tener una mirada limpia para ver tu obra?
-Hace falta sentirse humano. Sentir que nadie puede defender una masacre, un asesinato. Sólo un cobarde, que no habla nunca consigo mismo, puede apoyar tal represalia. Y no debemos olvidar que la degeneración de un individuo y de una sociedad es lo único que pudo realizar y justificar este sacrificio humano.

martes, 18 de octubre de 2011

Hasta tres veces al día

Vivía clandestinamente en Madrid. Aquel día no tenía motivos para sentir miedo. Era el 24 de junio de 1972.Comprobó que llevaba consigo la documentación falsa que le acreditaba como Jesús Sánchez. Se dirigió a Pozuelo de Alarcón. Sus amigos le esperaban en el convento de los Padres Oblatos, donde pensaban celebrar una reunión. Alguien se fue de la lengua y la Policía detuvo a los diez. Cuarenta y ocho horas después miembros de la Brigada Político Social descubrieron que Jesús Sánchez era Eduardo Saborido Galán, natural de Sevilla y  dirigente nacional de Comisiones Obreras. 
En esta ocasión no ocurrió en Madrid lo que sucedió en enero de 1967 en Sevilla. A las pocas horas de ser detenido Saborido, una manifestación multitudinaria pedía su libertad. Al día siguiente llovió mucho; los obreros, desafiando al agua y a otros elementos,  salieron a la calle reclamando lo mismo. Los agentes del orden, con gran pericia, los dispersaron. Ya entonces el que era jefe superior de Policía de Sevilla  dirigió un informe al siniestro Tribunal de  de Orden Público (TOP), en el  que  expresaba su impotencia ante el fenómeno de solidaridad obrera que se daba con Eduardo Saborido.