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lunes, 23 de abril de 2012

¿Es usted familia del difunto?

Siendo niño, José Hormigo vio, subido en un olivo, cómo fusilaban a un hombre en el cementerio de Baza. No se perdió las palabras que pronunció el reo cuando tuvo la oportunidad de expresar su última voluntad: “quiero fumarme un puro”.
-¿Qué ocurrió?, José.
-Este hombre, que era Guardia de Asalto, había matado en el cuartel a un teniente y a otro compañero creyendo que había llegado la hora del golpe de estado que se estaba gestando entre ellos, ya que eran las únicas autoridades que había en el pueblo. Mientras fumaba no paraba de hablar. Dijo que había sido un traidor. Y a uno de los que le iban a matar le ofreció la chaqueta de cuero que llevaba puesta y como se la aceptó, se la quitó y se la dio.
-¿Consumió el puro?
-Sí. Y oí el “apunten, fuego” y vi cómo el hombre cayó al suelo y daba botes. Yo también caí del olivo, igual que los chavales que estaban en otros árboles. Al vernos los guardias nos montaron en un camión y nos hicieron sentar en un ataúd vacío que llevaban. Yo iba en cuclillas porque no quería tocar el féretro, pero cada vez que el camión cogía un bache parecía que el ataúd me mordía el culo. Y así hasta llegar al pueblo. Eran los finales de la guerra civil.