Mostrando entradas con la etiqueta José Hormigo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta José Hormigo. Mostrar todas las entradas

jueves, 16 de enero de 2020

Los invitados a la boda cantaban y el burro rebuznaba

La primera vez que detuvieron al recordado José Hormigo era un niño. Tenía nueve años. Así me lo contó: “Aquel día mi abuelo, que trabajaba en el cortijo del Conejo Esnucao, me mandó que llevara al burro que traía al pilar para darle de beber. Al pasar por la plaza de la iglesia vi que se acababa de celebrar una boda. Se había casado un Guardia Civil y los invitados cantaban con el brazo en alto el “Cara al sol”. El borrico se paró y comenzó a rebuznar. Yo no lo podía callar. Así que vinieron dos guardias civiles que asistían a la ceremonia y me llevaron al cuartel".
-¿Y el burro?
-También venía. Cuando llegué al cuartel, uno me dio tres cogotazos y otro me amenazaba con un vergajo mientras yo les contaba llorando que no era culpa mía sino del animal. Me preguntaron de quién era el borrico. Yo les dije que al dueño le decían Conejo Esnuca. Rápidamente me soltaron. (Era un terrateniente).

jueves, 19 de diciembre de 2019

En cuclillas

Tenía nueve años cuando vio desde lo alto de un olivo cómo fusilaron a un hombre en el cementerio de Baza (Granada) Le impresionó que antes de morir ofreció la chaqueta de cuero que llevaba puesta a uno de los que le iban a matar “¡Cómo daba botes en el suelo después que le dispararon!” comentó José Hormigo con los tres amigos que habían presenciado lo mismo que él. Cuando los chavales fueron descubiertos por los Guardias de Asalto los montaron en un camión y los sentaron en un ataúd vacío. “Yo iba en cuclillas, comentó José Hormigo, porque no quería tocar la caja, pero cada vez que el camión cogía un bache parecía que el ataúd me mordía el culo.”

lunes, 14 de abril de 2014

¿Permiso? ¡Viva la República!

“Pocos conocen que, con sólo 16 años, vino a Sevilla Santiago Carrillo para parar el intento de golpe de Estado que lideró el general Sanjurjo desde aquí, contra la II República la madrugada del 10 de agosto de 1932”. Me lo ha contado José Hormigo. Este ex dirigente del PCE era un buen amigo de Carrillo. Lo consideraba entrañable. Cuando se veían le recordaba los ricos garbanzos que se comió en su casa en 1992  preparados por Paula, su mujer. Hormigo ha estado encarcelado 4 años 2 meses y 15 días, según documento expedido por la prisión de Jaén. De su estancia en la comisaría de Sevilla en 1971 guarda esta escena: “El  jefe de la Social, Martín, me dio un golpe en las sienes y caí redondo al suelo. Dos policías me cogieron por los pelos y me arrastraron por un largo pasillo. Después patadas en las corvas y ya de pie, sin soltarme de los pelos, estrellaban mi cara contra una máquina de escribir.” Hormigo ha tenido 13 novias formales. La última fue Paula, su esposa. Un abuelo de Carrillo era de Sevilla. No le disgustaba el vino, según me ha dicho Eduardo Saborido.

lunes, 23 de abril de 2012

¿Es usted familia del difunto?

Siendo niño, José Hormigo vio, subido en un olivo, cómo fusilaban a un hombre en el cementerio de Baza. No se perdió las palabras que pronunció el reo cuando tuvo la oportunidad de expresar su última voluntad: “quiero fumarme un puro”.
-¿Qué ocurrió?, José.
-Este hombre, que era Guardia de Asalto, había matado en el cuartel a un teniente y a otro compañero creyendo que había llegado la hora del golpe de estado que se estaba gestando entre ellos, ya que eran las únicas autoridades que había en el pueblo. Mientras fumaba no paraba de hablar. Dijo que había sido un traidor. Y a uno de los que le iban a matar le ofreció la chaqueta de cuero que llevaba puesta y como se la aceptó, se la quitó y se la dio.
-¿Consumió el puro?
-Sí. Y oí el “apunten, fuego” y vi cómo el hombre cayó al suelo y daba botes. Yo también caí del olivo, igual que los chavales que estaban en otros árboles. Al vernos los guardias nos montaron en un camión y nos hicieron sentar en un ataúd vacío que llevaban. Yo iba en cuclillas porque no quería tocar el féretro, pero cada vez que el camión cogía un bache parecía que el ataúd me mordía el culo. Y así hasta llegar al pueblo. Eran los finales de la guerra civil.