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miércoles, 28 de junio de 2017

"Ponte bien la corbata"


Julián, que había sido acusado de asesinar a una menor, pasó su primera noche en libertad en la casa de su abogado, que era padre de dos niñas de cinco y tres años.
Julián, de 39 años, salió de la cárcel con pasos cortos, lentos, y traje negro. “Ponte bien la corbata” le dijo el abogado antes de abrazarlo. Era la única persona que le esperaba. “Me parece mentira esto de mi libertad porque el segundo día del juicio vi que las cosas se me ponían mal” No pienses en eso, el tribunal te ha absuelto, pero como yo te vea con una copa de vino en la mano te rompo la cara, le advirtió el abogado.
A las cinco de la madruga el 061 atendió una llamada de emergencia procedente del domicilio del letrado.  

jueves, 8 de octubre de 2015

No tiene amigos en la cárcel


Demetrio Pérez,  director general de Interior, Emergencias y Protección Civil, dice que abriría las puertas del PSOE, su partido, a los débiles, porque la unión de los débiles permite escapar de la voracidad de los fuertes. Siempre pone rostro humano a cada decisión que toma ya que es lo más importante para desempeñar dignamente un cargo.  Ahora lo hace desde la dirección general que le han confiado recientemente y antes como delegado del Gobierno en Sevilla, (“Un tiempo intenso que creo me hizo madurar como persona y político”   “Cada año el día de Andalucía en la provincia era como hacer la primera comunión.”) 
No tiene amigos en la cárcel. Y hace esta precisión:  “Lo mas próximo a una amistad fue la cárcel para el ex-alcalde de Guillena Justo Padilla. Me dolió muchísimo”
 -Cuando en política has estado en un segundo plano ¿cómo lo has vivido?
-Los necios confunden el valor con el precio. Los tiempos en segundo plano son siempre una oportunidad o una decisión. Ahora bien, el que no está dispuesto a perderlo todo, no está preparado para ganar nada.
-¿Sobra la Policía Autonómica?
-¡No! Falta
Sin entrar en detalles reconoce que se sintió manipulado en alguna ocasión y que ahora su móvil suena más que antes y especialmente a horas difíciles.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Una cárcel de libertad

Conozco a un profesor que habló ante 300 presos. Era la primera vez que vivió esta experiencia. Moderó el coloquio un interno acusado de atraco. Como profesor estaba acostumbrado a auditorios juveniles; como abogado, a magistrados solemnes y, como parlamentario, sabía que nunca se convence al adversario, pero sí se influye en la opinión pública. Saludé al funcionario que presentó al conferenciante. Sonrió cuando me interesé por el economato de la prisión: ¿Venden libertad? “No es artículo de economato sino tarea de los funcionarios de la prisión en el sentido de que empleen medios educativos para que la cárcel funcione como una sociedad libre.”

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Santiago Carrillo y Sevilla

Funcionaba a tope la ETA cuando pregunté a Marcelino Camacho si aceptaría él un coche blindado, aunque fuera como el Cadillac que regaló a Santiago Carrillo el dictador comunista de Rumania Nicolae Ceaucescu. Esta fue su respuesta: -En un país como el nuestro en el que tantas amenazas de muerte se hacen todos los días, ¿por qué un hombre como Santiago Carrillo no habría de tener un coche blindado, aunque dicha sea la verdad ya no funciona bien? -¿Pidió él protección? -No. -¿Quién? - Fuimos nosotros, los del partido, los que consideramos que debía tenerla como la puede tener un Jefe de Estado. Pero esto no quita que Carrillo se pasease tranquilamente por las calles de Madrid.

Marcelino Camacho hacía poco tiempo que había salido de la cárcel. Contó a Evaristo Villar y a Juanjo Sánchez que los funcionarios de prisiones distinguían perfectamente a los internos por la forma de entrar en el patio de la prisión: Los que andaban solos y muy de prisa eran anarquistas. Los que iban en grupo, preparando gobierno, eran socialistas. Los que llevaban un libro debajo del brazo, comunistas. El estaba con los del libro. La cárcel fue su verdadera Universidad. 

Un buen amigo de Santiago Carrrilo fue José Hormigo, ex dirigente del Partido Comunista en Sevilla. -¿Cómo era? -Entrañable. Cuando nos veíamos siempre me recordaba siempre los ricos garbanzos que le preparó Paula, mi mujer, el día que comió en mi casa, en la barriada de Bellavista, el año 1992. -¿Qué no se sabe de él? -Pocos conocen que, con sólo dieciséis años, vino a Sevilla para parar el intento de golpe de Estado que lideró el general Sanjurjo desde aquí contra la II República la madrugada del 10 de agosto de 1932. (Vivía entonces uno de los abuelos de Santiago Carrillo que era sevillano y al que no le desagradaba el vino. De ahí le venía la vena humorística, según me dice Eduardo Saborido, al que tanto hizo por la transición en nuestro país)

domingo, 29 de abril de 2012

Para que la cárcel funcione como una sociedad libre

Aquel día en la antigua prisión de Sevilla los internos habían comido, de primero, lentejas estofadas con chorizo, morcilla y tocino. Me lo contó el funcionario de Instituciones Penitenciarias José Luís Guzmán. De segundo, flamenquín de jamón york relleno de carne picada, con ensalada de lechuga y patatas fritas. Y de postre, naranja.
-¿Con qué la mondaron?
-Con el mango de la cuchara o con lo que pudieron, porque el cuchillo está prohibido, a pesar de que en 1978 el director general de Instituciones Penitenciarias García Valdés dijo que había que facilitar a cada preso un cubierto completo. Desde que en 1932 se construyó la cárcel de Sevilla no ha habido más progresismo, después de Victoria Kent, que el marcado por García Valdés.
-¿Llega droga a la cárcel?
-Sí.
-¿El método menos sofisticado?
-Tiran desde el exterior una bola con hachis que cae al patio.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Felipe. Lo que vale una hora de su tiempo. 1

-Hace más de 30 de años vivimos momentos especiales, comenté a Felipe González.
-Sí señor, muy especiales. Me acuerdo del nombre del policía que entró donde tú y yo estábamos detenidos. Le conocía, porque un hermano suyo estudiaba conmigo. Conté aquellos momentos especiales, entre otras cosas, al presidente de la República Checa Václav Havel, cuando me pidió que le explicara cómo fue la transición española.
Charlábamos en el recinto más acogedor del antiguo pabellón de Marruecos de la Exposición Universal del 92, sede actual de la Fundación Tres Culturas. Aquel día, se celebraba allí, el XX aniversario del establecimiento de relaciones entre España e Israel.
Felipe ya no era el animal político que en la clandestinidad tenía que borrar sus huellas delante de su escondite. Aquellos eran tiempos de manifestaciones de adhesión a Franco, con pancartas que proclamaban: “Algo hay que quemar, El Correo de Andalucía o el Palacio Arzobispal”.