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martes, 5 de marzo de 2013

Cónclave Secreto


15 de octubre de 1978. Primer desayuno de los 110 electores del Papa, encerrados desde la noche anterior en el cónclave secreto. Los cardenales van entrando en el comedor en tres turnos, según las horas en que hayan dicho misa. Don José  María Bueno Monreal está terminando con el café,  que no es de muy buena calidad. Cuando se llevaba la servilleta a los labios oye que le dicen: “Eminencia, hoy es el día de Santa Teresa de Ávila, fiesta de los escritores españoles”. “Pues, sí, eminencia” respondió el cardenal arzobispo de Sevilla al cardenal Wojtyla, arzobispo de Cracovia. A la mañana siguiente, también a la hora del desayuno, el cardenal de Sevilla buscó al compañero del día anterior y le saludó con estas palabras: “Señor cardenal, hoy celebramos a Santa Eduvigis, que es patrona de Polonia. Vamos a ver si nos da un buen Papa”. “Sí, señor cardenal, le contestó Wojtyla”.
(Ahora el que pregunta es el que esto relata porque se lo contó y supervisó el propio cardenal Bueno Monreal)
-Don José María, ¿presentía el cardenal Wojtyla que usted le iba a votar?
-No lo sé.
-¿Le votó usted?.
-Eso sí que no se lo puedo decir.

miércoles, 18 de abril de 2012

El cambio ético

El padre José María Martín Patino tenía treinta y cinco años cuando recibió en Comillas una carta de Oviedo. La firmaba el arzobispo Vicente Enrique y Tarancón. Le comunicaba que era un seguidor de los artículos que escribía en la revista “Sal terrae” y que deseaba hablar con él pues podrían colaborar juntos. Le expresaba también que tenía la impresión de que coincidían en bastantes cosas.
El padre Martín Patino se trasladó a Oviedo para ver al arzobispo. Durante el viaje se preguntó “¿cómo debo tratar a este hombre?” “¿de excelencia?” “¿de ilustrísima?”
Cuando entró en el despacho del prelado le encajó: “¿cómo está su excelencia?” El arzobispo miró debajo de su mesa y de las sillas y dijo a su joven visitante: “Aquí no hay ninguna excelencia que yo sepa. Creo que podemos hablarnos de usted”. El padre Martín Patino respondió: “usted puede hablarme de tú”. Tarancón le confesó:”yo respeto mucho a los religiosos y además soy tímido. Prefiero hablarle de usted”.

jueves, 15 de diciembre de 2011

El pinchazo

Algunos católicos prefieren que no se hable de los sacerdotes secularizados, de los sacerdotes casados. Sin embargo, están ahí. Muchos de ellos conservan la fe cristiana, otros la han perdido. <
Conocí a un obispo argentino que, al casarse con la que era su secretaria privada, originó asombro en toda Iberoamérica. El se llamaba Jerónimo Podestá, y ella, Cleia, que significa gloria. La pareja estuvo en Sevilla. Venían de Ávila, donde Cleía había paseado por las calles a Santa Teresa. La metáfora me hizo pensar que la santa siempre la había acompañado en su vida, en su dimensión espiritual.

jueves, 1 de septiembre de 2011

El hombre de la sábana de Turín

El padre Jorge Loring, de la Compañía de Jesús, llevaba  veinte años dedicado al estudio de la sábana santa de Turín, que envolvió el cadáver de Cristo. En aquella ocasión se encontraba en Sevilla para pronunciar una conferencia sobre “La autentica fotografía de Jesucristo“ en un cine de la Puerta de la Carne. En el acto pensaba  proyectar una foto robot hecha por Bruner, fotógrafo pontificio, basado en la cara de Cristo que aparece en la sábana santa. Cuando me dijo que el rostro revelaba  majestad, serenidad, dulzura, unción y  virilidad, algo percibí que me alertó y comencé a sospechar ligeramente de este venerable jesuita.
El padre Loring había vendido en aquel tiempo más de un millón de ejemplares de su obra  "Para salvarte.” Presumía de ser el único autor vivo que en castellano había conseguido esa cifra. Yo volví a la sabana santa, su obsesión:
─Se ha dicho que a Cristo lo enterraron con vida, porque en la sábana hay manchas de sangre de hombre vivo.
─La  sangre de los clavos y de las espinas brotó de Cristo estando vivo y por eso se ha coagulado en el lienzo como sangre de hombre vivo. Pero  la sangre que brotó del costado de Cristo se coaguló como sangre de hombre muerto, según estudios médicos.