domingo, 8 de diciembre de 2013

Novela de Manfredi a flor de piel

No sé cómo acaba la novela corta “Piel de destierro” que ha escrito Antonio Manfredi. Dejé al protagonista mirando a un adolescente que se parecía a Mario Vaquerizo y a su joven madre en el hospital “Virgen del Rocío”. Los dos esperaban ser recibidos por el dermatólogo porque padecían, como el personaje principal de la obra, una enfermedad hereditaria e incurable: la psoriasis.
Parte de la acción se desarrolla en la Sevilla triste de la posguerra con un  cardenal arzobispo obsesionado con el sexto mandamiento de la Ley de Dios. Este prelado, que se apellidaba Segura, no sabía separar el grano de la paja.
Voy por la mitad de “Piel de destierro”. Cuando la comencé, interrumpí la lectura de una novela policíaca: “El perro de terracota” de Andrea Camilleri. Acababa de cometerse un asesinato y un sacerdote decía al comisario Montalbano: “Todo crimen conlleva un mensaje, la cuestión es conocer el código de quien lo ha escrito”. Los numerosos personajes de “El perro de terracota”no padecen psoriasis. 
Me ha intrigado lo que se afirma en “Piel  de destierro” sobre  las hermandades de San Gonzalo y de Santa Genoveva: se llaman así en homenaje al general Gonzalo Queipo de Llano y a su esposa Genoveva. Intriga, secreto. Pues el secreto de la creatividad es eliminar las reglas a la hora de escribir, no el añadirlas, asegura Natalie Goldberg. Es lo que ha hecho Antonio Manfredi, cuya novela seguiré leyendo.