Aquel año era el primero que la cantante
había tomado bien las uvas de la suerte. Antes se hacía un lío con el
reloj de la Puerta del Sol. Siempre le faltaban uvas y le sombraban
campanadas. Se las comió con el pie izquierdo levantado para entrar
con el derecho en el año nuevo. Hacía poco que había recibido una carta
de un admirador suyo de Cuba. Había correteado media España porque las
señas estaban mal puestas. La otra media España no se había enterado.
Maria de los Ángeles Santamaría dijo al camarero:
-¿Cómo están las angulas?
-¡Riquísimas!, respondió el empleado del Hotel Colón.
-¿Tienen gambas o quisquillas?
-No.
Maria de los Ángeles Santamaría dijo al camarero:
-¿Cómo están las angulas?
-¡Riquísimas!, respondió el empleado del Hotel Colón.
-¿Tienen gambas o quisquillas?
-No.
-¡Qué lástima! ¿Están frescas las espinacas?
El camarero guardó silencio. La cantante le preguntó:
-¿Podrían ponérmelas a la catalana, con uvas pasas y piñones salteados?
-Lo siento.
-¡Qué pena! Tráigame, entonces, endivias; se me apetecen mucho por lo frías que están.
-Bien.
-Y
ahora querría un poquito de apio. Pero yo tengo que comer más, aunque
no tenga apetito. Algo de carne. ¿Tienen chuletitas de cordero?
-Sí.
-Pero muy hechas.
-¿Algo más?
-Agua mineral, de las que tienen agujeritos.
Massiel cierra la carta del restaurante y comenta:
-Ya
me ha dicho mi hermano que querías hablar conmigo. De haber sabido que
me ibais a hacer fotos me hubiera traído puestas las pestañas.
-Saldrás bien, aseguré yo; momento en que Manolo Ruesga hizo uso de la cámara.
-¿Os habéis dado cuenta de que vengo sin maquillar?
-Nos dijeron en recepción que estabas en la peluquería.
-Sí.
Yo voy a la peluquería cuando se me pone el pelo sucio. En verano ni
siquiera voy, porque yo misma me lavo la cabeza y se me seca enseguida.
Pero en invierno, como no quiero coger la gripe, prefiero que me sequen
el pelo.
-Hoy tenemos mal tiempo.
-Pues hoy solamente me he
bañado, me he pintado unas rayitas de rojo en los ojos y nada más.
¡Tengo tan pocas ganas de arreglarme por la mañana! Estoy harta de
tanto maquillaje. ¡Es tan incómodo tenerse que poner las pestañas!
-¿Cómo has pasado la noche?
-Durmiendo.
-¿Mal?
-Muy mal, por cierto.
-¿Echabas algo de menos?
-La cama de mi casa. Más que la cama, la almohada. Siempre extraño la de los hoteles.
-¿Cómo te apañas con el insomnio?
-He
descubierto un té que es la mano de un santo. ¿Pero sabes a qué hora
cogí el sueño? ¡A las once de la mañana! Pedí una tortilla y una
manzanilla y dormí estupendamente durante dos horas.
-Pesarás poco.
-Cincuenta y cinco kilos.
-¿Son muy llevaderos?
-Sí, Pero noto enseguida cuando la gente intenta utilizarme. Lo que pasa es que hay gente muy sutil.
-¿Cómo te defiendes de los sutiles?
-Con más sutileza.
-¿Eres una pieza extraña en el mundo de la canción?
-Soy una pieza extraña en cualquier sitio donde se me coloque. Eso dice mi familia, que soy un bicho raro.
Llegan las chuletitas de cordero. Massiel advierte:
-Me gustaría comérmelas con las manos, sin que me hagáis una foto
-De acuerdo.