Tres años antes de que se celebrasen en España
las primeras elecciones democráticas Felipe González fue recibido por
el primer ministro de Suecia Olof Palme en su despacho oficial. El
político sueco estrechó la mano del entonces “Isidoro” que había sido
elegido en el Congreso de Suresnes secretario general del PSOE. Al
interesarse Olof Palme por la transición española, González le contó
los momentos especiales que había vivido con un periodista que le
entrevistó tras su elección porque ambos fueron detenidos y procesados
por el Tribunal de Orden Público ya que aún no se había conquistado la
libertad de expresión. Todavía no era palpable para los españoles la
trascendental tarea de Juan Carlos, actualmente despreciado no se sabe
por quién y de Adolfo Suárez, al que la historia lo tiene en su gloria.
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viernes, 30 de junio de 2017
lunes, 30 de mayo de 2016
Ya era tarde
Los ángeles saben volar porque se toman a sí mismos
a la ligera, dicen en Escocia. En España los ángeles no vuelan, andan
pausadamente por el camino que se han marcado para conseguir la
perfección, la meta. En nuestro país tuvimos de jefe de gobierno a un
ángel: Adolfo Suárez. Fue presidente de Acción Católica en Ávila,
secretario particular del gobernador civil de dicha capital, Fernando
Herrero Tejedor, miembro del Opus Dei. Estudió en la Universidad más
antigua de España, Salamanca, donde asistió a las clases de Derecho
Administrativo del profesor Clavero Arévalo. En Sevilla, a finales de
los 50, durante unos meses, formó parte de la secretaría particular
del gobernador civil Hermenegildo Altozano Moraleda, del Opus Dei,
coronel jurídico de la Armada y miembro de la Secretaría Política de
don Juan de Borbón.
Seis años antes de que nuestro ángel volara por
primera y única vez, fue a verlo el rey Juan Carlos para entregarle el
toisón de oro porque había logrado convertir el agua en vino, la
dictadura en democracia. Ya era tarde. Suárez no sabía quién era su
visitante
martes, 1 de diciembre de 2015
Paso a paso
Los ángeles saben volar porque se toman a sí mismos
a la ligera, dicen en Escocia. En España los ángeles no vuelan, andan
pausadamente por el camino que se han marcado para conseguir la
perfección, la meta. En nuestro país tuvimos de jefe de gobierno a un
ángel: Adolfo Suárez. Fue presidente de Acción Católica en Ávila,
secretario particular del gobernador civil de dicha capital, Fernando
Herrero Tejedor, miembro del Opus Dei. Estudió en la Universidad más
antigua de España, Salamanca, donde asistió a las clases de Derecho
Administrativo del profesor Clavero Arévalo. En Sevilla, a finales de
los 50, durante unos meses, formó parte de la secretaría particular
del gobernador civil Hermenegildo Altozano Moraleda, del Opus Dei,
coronel jurídico de la Armada y miembro de la Secretaría Política de
don Juan de Borbón.
Seis años antes de que nuestro ángel volara por
primera y única vez, fue a verlo el rey Juan Carlos para entregarle el
toisón de oro porque había logrado convertir el agua en vino, la
dictadura en democracia. Ya era tarde. Suárez no sabía quién era su
visitante. (Escribí estas líneas después de ver en TVE a Bertín
Osborne y al hijo del expresidente).
sábado, 13 de septiembre de 2014
Historias de genoveses: Arenas
Al disolverse la Secretaría General del Movimiento en 1977, los funcionarios de este símbolo de la dictadura franquista fueron transferidos al Ministerio de Cultura, cuyo titular era el profesor Clavero. No hubo problema en hacer fijos a muchos interinos, incluidos los que entraron de prisa y corriendo. Arenas trabajó en la Dirección General de la Juventud del mencionado ministerio. Le concedieron la excedencia cuando fue elegido concejal del Ayuntamiento de Sevilla. Tenía 25 años.
“Este es mi heredero político” decía de él Oscar Alzaga, catedrático de Derecho Constitucional, y, entonces, líder del Partido Demócrata Popular. El heredero ya había militado en el Partido Demócrata Cristiano y llegó a ser ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, ministro de Administraciones Públicas; y Vicepresidente Segundo del Gobierno y ministro de la Presidencia.
Alzaga era distinto: rehusó las carteras de Educación y de Administración Territorial, que le ofreció Suárez. Tampoco aceptó las de Defensa, Cultura, y Justicia, cuando era presidente Calvo Sotelo.
Arenas explora a diario la política.
“Este es mi heredero político” decía de él Oscar Alzaga, catedrático de Derecho Constitucional, y, entonces, líder del Partido Demócrata Popular. El heredero ya había militado en el Partido Demócrata Cristiano y llegó a ser ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, ministro de Administraciones Públicas; y Vicepresidente Segundo del Gobierno y ministro de la Presidencia.
Alzaga era distinto: rehusó las carteras de Educación y de Administración Territorial, que le ofreció Suárez. Tampoco aceptó las de Defensa, Cultura, y Justicia, cuando era presidente Calvo Sotelo.
Arenas explora a diario la política.
viernes, 4 de abril de 2014
El presidente en Sevilla
Adolfo Suárez no puede ocultar la satisfacción que le produce poderse fotografiar con una de las personas más activas de su partido en Sevilla. Se llama Marisa Rico. Empobreceríamos la entrañable instantánea si no dijéramos que era invierno, véase el abrigo de ella, y si no mencionáramos a Miguel Sánchez Montes de Oca y a Ignacio Yánez Polo que también acompañan a Suárez o a Marisa. Es mejor decir que a los dos y todos contentos.
En aquella ocasión recordaría los meses que pasó en la capital hispalense preparando oposiciones para ingresar en el Cuerpo Jurídico de la Armada. Se hospedaba en el Gobierno Civil, invitado por el entonces gobernador civil y jefe provincial del Movimiento, Hermenegildo Altozano Moraleda. Este señor era miembro de la Secretaría Política de don Juan de Borbón y teniente coronel jurídico de la Armada. No gozaba de la simpatía de Franco. El dictador pensaba esto de él: “Es enemigo de la Falange; ha sido republicano y ha servido a los rojos, aunque utilizaba sus contactos con el Servicio de Información Militar para facilitar la entrada de españoles a la zona nacional”.
Suárez fue suspendido por el tribunal de las oposiciones. No se sabe si por su amistad con Altozano Moraleda o por mal estudiante. Había sido discípulo de Clavero Arévalo en la Universidad de Salamanca.
En aquella ocasión recordaría los meses que pasó en la capital hispalense preparando oposiciones para ingresar en el Cuerpo Jurídico de la Armada. Se hospedaba en el Gobierno Civil, invitado por el entonces gobernador civil y jefe provincial del Movimiento, Hermenegildo Altozano Moraleda. Este señor era miembro de la Secretaría Política de don Juan de Borbón y teniente coronel jurídico de la Armada. No gozaba de la simpatía de Franco. El dictador pensaba esto de él: “Es enemigo de la Falange; ha sido republicano y ha servido a los rojos, aunque utilizaba sus contactos con el Servicio de Información Militar para facilitar la entrada de españoles a la zona nacional”.
Suárez fue suspendido por el tribunal de las oposiciones. No se sabe si por su amistad con Altozano Moraleda o por mal estudiante. Había sido discípulo de Clavero Arévalo en la Universidad de Salamanca.
martes, 25 de marzo de 2014
Clavero, profesor de los dos políticos más importantes de España
Pregunté al periodista Gregorio Morán si el presidente Suárez le había causado buena impresión. Contestó que después de estudiar durante nueve meses al personaje, nada le había llamado especialmente la atención.
─¿En las dos horas y medio de conversación con él en la Moncloa tuvo tiempo de averiguar si supo encajar las preguntas?
─Sí. En la conversación me pareció un tipo simpático, sereno y con un deseo enorme de alagar la vanidad del que está hablando con él, quizá porque conozca que nuestro aspecto más débil, como persona, es la vanidad.
─¿Le hizo modificar el presidente el original del libro?
─No.
─¿Para qué le sirvió entonces la conversación?
-Sólo para hacer algunas correcciones de fechas. Debo decir en su honor que ni me pidió el texto ni las fuentes de información, cosas que, sin embargo, algunos de sus colaboradores sí lo intentaron.
─¿Llegaron a jugar la partida de póker que le pidió al solicitarle la entrevista?
─No fue necesario jugar a las cartas porque la conversación tuvo irónicamente los aspectos de una partida de póker, que se caracteriza porque uno no enseña las cartas hasta el final.
─¿Jugó el presidente a la defensiva?
─No, porque las características de un político como él en el contacto personal no permiten nunca que juegue a la defensiva. Se muestra seguro de sí mismo, muy rápido en las respuestas y con un rasgo fundamental: su deseo de agradar al adversario.
─¿De qué ministro sevillano se acuerda en su obra?
─De Clavero, que es la única persona que está en condiciones de pensar en lo efímero que es el prestigio de los profesores y al mismo tiempo en la capacidad de los dos dirigentes políticos más importantes de España: Adolfo Suárez y Felipe González.
(El portavoz del Gobierno de Adolfo Suárez en 1979 era el periodista Josep Meliá, gran amigo de Joan Miró. A los pocos días de la aparición del libro de Gregorio Morán “Historia de una ambición” manifestó que el presidente no se iba a querellar contra el autor de la obra y que no la había leído.)
─¿En las dos horas y medio de conversación con él en la Moncloa tuvo tiempo de averiguar si supo encajar las preguntas?
─Sí. En la conversación me pareció un tipo simpático, sereno y con un deseo enorme de alagar la vanidad del que está hablando con él, quizá porque conozca que nuestro aspecto más débil, como persona, es la vanidad.
─¿Le hizo modificar el presidente el original del libro?
─No.
─¿Para qué le sirvió entonces la conversación?
-Sólo para hacer algunas correcciones de fechas. Debo decir en su honor que ni me pidió el texto ni las fuentes de información, cosas que, sin embargo, algunos de sus colaboradores sí lo intentaron.
─¿Llegaron a jugar la partida de póker que le pidió al solicitarle la entrevista?
─No fue necesario jugar a las cartas porque la conversación tuvo irónicamente los aspectos de una partida de póker, que se caracteriza porque uno no enseña las cartas hasta el final.
─¿Jugó el presidente a la defensiva?
─No, porque las características de un político como él en el contacto personal no permiten nunca que juegue a la defensiva. Se muestra seguro de sí mismo, muy rápido en las respuestas y con un rasgo fundamental: su deseo de agradar al adversario.
─¿De qué ministro sevillano se acuerda en su obra?
─De Clavero, que es la única persona que está en condiciones de pensar en lo efímero que es el prestigio de los profesores y al mismo tiempo en la capacidad de los dos dirigentes políticos más importantes de España: Adolfo Suárez y Felipe González.
(El portavoz del Gobierno de Adolfo Suárez en 1979 era el periodista Josep Meliá, gran amigo de Joan Miró. A los pocos días de la aparición del libro de Gregorio Morán “Historia de una ambición” manifestó que el presidente no se iba a querellar contra el autor de la obra y que no la había leído.)
lunes, 24 de marzo de 2014
Partida de póker con Adolfo Suárez (1)
El periodista
asturiano Gregorio Morán escribió una carta al presidente Suárez
solicitándole una entrevista y, si era posible, jugar con él una
partida de póker.
─¿Era serio lo de la partida?
─Se lo pedí seriamente, porque Suárez es un buen jugador de naipes y a mí no se me da mal. Y porque creo que las cartas constituyen un excelente procedimiento para conocer a las personas.
Suárez tenía entonces 41 años y el periodista, 32. Éste había escrito una biografía sobre el presidente y, antes de publicarla, quería conversar con el biografiado, porque era fundamental para el autor contrastar los rasgos generales del personaje de su obra con el propio interesado. No se conocían. Hablaron dos horas y media. No tomaron nada y fumaron mucho.
─¿Se le ha escapado algún aspecto de la vida del presidente?
─No tuve tiempo de investigar las relaciones que en los años 70 había entre el presidente Suárez y Altozano Moraleda, porque curiosamente Altozano fue cesado del Banco Hipotecario, según unos, por decisión de Suárez y, según otros, por razones de edad.
─¿Para qué le hubiera servido este dato?
─Para conocer cómo reacciona Adolfo Suárez ante los amigos del pasado.
(Altozano Moraleda fue gobernador civil de Sevilla y Jefe Provincial del Movimiento. Era del Opus Dei y no usó camisa azul.)
─¿Era serio lo de la partida?
─Se lo pedí seriamente, porque Suárez es un buen jugador de naipes y a mí no se me da mal. Y porque creo que las cartas constituyen un excelente procedimiento para conocer a las personas.
Suárez tenía entonces 41 años y el periodista, 32. Éste había escrito una biografía sobre el presidente y, antes de publicarla, quería conversar con el biografiado, porque era fundamental para el autor contrastar los rasgos generales del personaje de su obra con el propio interesado. No se conocían. Hablaron dos horas y media. No tomaron nada y fumaron mucho.
─¿Se le ha escapado algún aspecto de la vida del presidente?
─No tuve tiempo de investigar las relaciones que en los años 70 había entre el presidente Suárez y Altozano Moraleda, porque curiosamente Altozano fue cesado del Banco Hipotecario, según unos, por decisión de Suárez y, según otros, por razones de edad.
─¿Para qué le hubiera servido este dato?
─Para conocer cómo reacciona Adolfo Suárez ante los amigos del pasado.
(Altozano Moraleda fue gobernador civil de Sevilla y Jefe Provincial del Movimiento. Era del Opus Dei y no usó camisa azul.)
lunes, 25 de noviembre de 2013
La musa de la transición
Va por la tercera edición el libro
sobre Adolfo Suárez “Puedo prometer y prometo” escrito por Fernando
Ónega, el periodista gallego que colabora en el programa de Mariló
Montero, en la uno de TVE. Ónega, como Suárez, fueron franquistas. Uno
llegó a presidente de Gobierno y el otro fue subdirector del diario
“Arriba”, el órgano periodístico oficial de Falange Española.
En la obra de Ónega no podía faltar la mujer que tan ligada estuvo, profesionalmente, a Suárez desde que éste fue director general de RTVE hasta que ostentó la presidencia del gobierno de España. Me refiero a Carmen Diez de Rivera. Dice de ella que fue llevada a los altares por Francisco Umbral cuando la llamó “musa de la Transición”. Añade que no llegó a tanto pero sí fue la mujer que empujó a Suárez a prescindir de muchos de sus complejos políticos de su biografía y le incitó a retirar el cuadro de Francisco Franco, que terminó en el cuarto de baño, en los tiempos de RTVE.
La periodista gaditana Ana Romero es más generosa con esta mujer en su libro “El triángulo de la Transición”, formada por Carmen, Suárez y el Rey, reeditada recientemente por Planeta. Los tres, según la autora, facilitaron el paso de la dictadura a la transición, a partir de 1969 y resalta que ella influyó políticamente en los dos. Los antecedentes familiares de estos personajes son conocidos, aunque repasar los de Carmen resulta estremecedor: Se enamoró de un joven sin saber que era su hermano. Ella era hija ilegítima de Ramón Serrano Suñer, cuñado de Franco. Su madre era una señora que estaba casada con un marqués.
Carmen deja constancia de la atracción física que sentían por ella tanto el Rey como Suárez en la anotación que hizo en su diario el 18 de junio de 1976: “Vaya parejita”.
El día que el Rey llamó a Suárez para comunicarle que iba a ser presidente de Gobierno, cogió el teléfono Carmen. Se encontraba a solas con Suárez en su casa de Puerta de Hierro, porque su familia estaba de viaje, cuenta la autora de “El triángulo de la Transición”, sabedora de que no fue amante ni de Suárez ni de Juan Carlos. Y ya hay que dejar a un lado el “Puedo prometer y prometo” y “El triángulo...” para hacer sitio a Paul Preston, que describe la relevancia de Carmen en el paso de la dictadura a la democracia hasta el punto de que influyó en el Rey en la cuestión de la legalización del PCE.
En la obra de Ónega no podía faltar la mujer que tan ligada estuvo, profesionalmente, a Suárez desde que éste fue director general de RTVE hasta que ostentó la presidencia del gobierno de España. Me refiero a Carmen Diez de Rivera. Dice de ella que fue llevada a los altares por Francisco Umbral cuando la llamó “musa de la Transición”. Añade que no llegó a tanto pero sí fue la mujer que empujó a Suárez a prescindir de muchos de sus complejos políticos de su biografía y le incitó a retirar el cuadro de Francisco Franco, que terminó en el cuarto de baño, en los tiempos de RTVE.
La periodista gaditana Ana Romero es más generosa con esta mujer en su libro “El triángulo de la Transición”, formada por Carmen, Suárez y el Rey, reeditada recientemente por Planeta. Los tres, según la autora, facilitaron el paso de la dictadura a la transición, a partir de 1969 y resalta que ella influyó políticamente en los dos. Los antecedentes familiares de estos personajes son conocidos, aunque repasar los de Carmen resulta estremecedor: Se enamoró de un joven sin saber que era su hermano. Ella era hija ilegítima de Ramón Serrano Suñer, cuñado de Franco. Su madre era una señora que estaba casada con un marqués.
Carmen deja constancia de la atracción física que sentían por ella tanto el Rey como Suárez en la anotación que hizo en su diario el 18 de junio de 1976: “Vaya parejita”.
El día que el Rey llamó a Suárez para comunicarle que iba a ser presidente de Gobierno, cogió el teléfono Carmen. Se encontraba a solas con Suárez en su casa de Puerta de Hierro, porque su familia estaba de viaje, cuenta la autora de “El triángulo de la Transición”, sabedora de que no fue amante ni de Suárez ni de Juan Carlos. Y ya hay que dejar a un lado el “Puedo prometer y prometo” y “El triángulo...” para hacer sitio a Paul Preston, que describe la relevancia de Carmen en el paso de la dictadura a la democracia hasta el punto de que influyó en el Rey en la cuestión de la legalización del PCE.
viernes, 9 de agosto de 2013
Un poco de caridad
Nixon llegó a pedir un poco de caridad a la historia, según Felipe Sahagún, porque iba a pasar a la posteridad como el hombre del Watergate y no como quien gobernaba EE.UU. cuando el hombre pisó la luna.
Bárcenas es el responsable de que Mariano Rajoy no sea recordado como el político de los hilillos de plastilina.
Extraño regalo
El Gobierno de Adolfo Suárez no tenía la costumbre de enriquecer a su equipo de confianza con sobresueldos al estilo Rajoy. Pero sí la usanza de hacer pequeños regalos en determinadas ocasiones. Por ejemplo cuando Ignacio Camuñas dejó de ser ministro de Relaciones con las Cortes recibió un reloj. Y he sabido por Alfonso Lazo la pequeña historia de un obsequio que Jiménez de Parga, titular de la cartera de Trabajo, hizo a un destacado sindicalista: “Le ofreció un frasco de colonia varonil, pero no sé si lo aceptó”
(¿Se imaginan a Cándido Méndez en ese aprieto?)
Poco tiempo después se oía decir a militantes del PSOE que “la derecha no usaba cinturón porque así no se lo tenía que apretar”. Como era una alusión directa a los tirantes rojigualdos de don Manuel Fraga, éste dejó de ponérselos.
Historia de una injusticia
La empresa de El Correo nos está invitando a ir preparando ya la necrológica de un periódico secular. Es una tarea fácil porque se reduce a contar la historia de una injusticia.
Los gallegos
-¿Por qué ustedes, los gallegos, están tan extraordinariamente dotados para la política?
-¿Y a ti quién te ha dicho eso?
-¿Y usted quién es?
-Yo soy un hombre que ha intentado e intento ser honesto y pasar por este valle de lágrimas procurando hacer la puñeta lo menos posible al prójimo.
(Testigo de demasiadas interrogaciones con Camilo José Cela fue José María Requena, Premio Nadal. Cela aun no se había casado con Mariña Castaño y no se enfadó con el periodista.)
Bárcenas es el responsable de que Mariano Rajoy no sea recordado como el político de los hilillos de plastilina.
Extraño regalo
El Gobierno de Adolfo Suárez no tenía la costumbre de enriquecer a su equipo de confianza con sobresueldos al estilo Rajoy. Pero sí la usanza de hacer pequeños regalos en determinadas ocasiones. Por ejemplo cuando Ignacio Camuñas dejó de ser ministro de Relaciones con las Cortes recibió un reloj. Y he sabido por Alfonso Lazo la pequeña historia de un obsequio que Jiménez de Parga, titular de la cartera de Trabajo, hizo a un destacado sindicalista: “Le ofreció un frasco de colonia varonil, pero no sé si lo aceptó”
(¿Se imaginan a Cándido Méndez en ese aprieto?)
Poco tiempo después se oía decir a militantes del PSOE que “la derecha no usaba cinturón porque así no se lo tenía que apretar”. Como era una alusión directa a los tirantes rojigualdos de don Manuel Fraga, éste dejó de ponérselos.
Historia de una injusticia
La empresa de El Correo nos está invitando a ir preparando ya la necrológica de un periódico secular. Es una tarea fácil porque se reduce a contar la historia de una injusticia.
Los gallegos
-¿Por qué ustedes, los gallegos, están tan extraordinariamente dotados para la política?
-¿Y a ti quién te ha dicho eso?
-¿Y usted quién es?
-Yo soy un hombre que ha intentado e intento ser honesto y pasar por este valle de lágrimas procurando hacer la puñeta lo menos posible al prójimo.
(Testigo de demasiadas interrogaciones con Camilo José Cela fue José María Requena, Premio Nadal. Cela aun no se había casado con Mariña Castaño y no se enfadó con el periodista.)
lunes, 5 de agosto de 2013
El pueblo contra Rajoy (todavía no)
En diciembre de 1974 Jesús Hermida, corresponsal de TVE en Nueva York, pasó unos días en España para presentar su libro “El pueblo contra Richard Nixon”. Hacía menos de cuatro meses que Nixon había dejado para siempre la Casa Blanca por el escándalo Watergate.
Hermida visitó El Correo de Andalucía. Lo acompañaba Antonio Navalón, que entonces trabajaba en Radio Sevilla.
-¿Le has enviado un ejemplar al ex presidente?
-No se me había ocurrido. Se lo enviaré, pero no creo que le guste. Mi libro no es anti-Nixon, porque Nixon pasó. Es un canto a la democracia norteamericana
Nixon llegó a pedir un poco de caridad a la historia, según Felipe Sahagún, porque iba a pasar a la posteridad como el hombre del Watergate y no como quien gobernaba EE.UU. cuando el hombre pisó la luna.
Bárcenas es el responsable de que Mariano Rajoy no sea recordado como el político de los hilillos de plastilina.
Hermida visitó El Correo de Andalucía. Lo acompañaba Antonio Navalón, que entonces trabajaba en Radio Sevilla.
-¿Le has enviado un ejemplar al ex presidente?
-No se me había ocurrido. Se lo enviaré, pero no creo que le guste. Mi libro no es anti-Nixon, porque Nixon pasó. Es un canto a la democracia norteamericana
Nixon llegó a pedir un poco de caridad a la historia, según Felipe Sahagún, porque iba a pasar a la posteridad como el hombre del Watergate y no como quien gobernaba EE.UU. cuando el hombre pisó la luna.
Bárcenas es el responsable de que Mariano Rajoy no sea recordado como el político de los hilillos de plastilina.
Extraño regalo
El Gobierno de Adolfo Suárez no tenía la costumbre de enriquecer a su equipo de confianza con sobresueldos al estilo Rajoy. Pero sí la usanza de hacer pequeños regalos en determinadas ocasiones. Por ejemplo cuando Ignacio Camuñas dejó de ser ministro de Relaciones con las Cortes recibió un reloj. Y he sabido por Alfonso Lazo la pequeña historia de un obsequio que Jiménez de Parga, titular de la cartera de Trabajo, hizo a un destacado sindicalista: “Le ofreció un frasco de colonia varonil, pero no sé si lo aceptó”. (¿Se imaginan a Cándido Méndez en ese aprieto?) Poco tiempo después se oía decir a militantes del PSOE que “la derecha no usaba cinturón porque así no se lo tenía que apretar”. Como era una alusión directa a los tirantes rojigualdos de don Manuel Fraga, éste dejó de ponérselos.
El Gobierno de Adolfo Suárez no tenía la costumbre de enriquecer a su equipo de confianza con sobresueldos al estilo Rajoy. Pero sí la usanza de hacer pequeños regalos en determinadas ocasiones. Por ejemplo cuando Ignacio Camuñas dejó de ser ministro de Relaciones con las Cortes recibió un reloj. Y he sabido por Alfonso Lazo la pequeña historia de un obsequio que Jiménez de Parga, titular de la cartera de Trabajo, hizo a un destacado sindicalista: “Le ofreció un frasco de colonia varonil, pero no sé si lo aceptó”. (¿Se imaginan a Cándido Méndez en ese aprieto?) Poco tiempo después se oía decir a militantes del PSOE que “la derecha no usaba cinturón porque así no se lo tenía que apretar”. Como era una alusión directa a los tirantes rojigualdos de don Manuel Fraga, éste dejó de ponérselos.
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