Sancho Dávila fue a ver a don Pedro Parias,
gobernador civil de Sevilla, para decirle: “Al doctor Morales hay que
fusilarlo porque constantemente está poniéndonos chinitas y esto no se
puede tolerar”. Sancho Dávila estaba al frente de la Jefatura
Territorial de Andalucía de Falange Española. El doctor Juan Luís
Morales era en aquellos sangrientos años Vocal de la Comisión
Provincial de Primera Enseñanza. Me contó algo increíble: “Durante la
guerra civil se castigaba a soldados y a ciudadanos corrientes con
purgantes de aceite de ricino en dosis elevadas para producir diarrea.
Y a uno de esos animales que estaban al frente de la situación se le
ocurrió castigar a los niños con aceite de ricino. Entonces me fui a
ver al secretario del gobernador civil y le dije que no se podía
tolerar que se hiciese beber aceite de ricino a los niños. Me contestó
que no me preocupara; que esa manera de castigar se suprimiría
inmediatamente.”
-¿Quién le libró de ser fusilado por los falangistas?
-El
abogado sevillano don Ángel Camacho, que era muy afecto a don Pedro
Parias. Don Ángel se expuso mucho al intentar impedir el fusilamiento
de Blas infante.
