Guardaba del verdugo un recuerdo muy desagradable, porque al oírse, ya de madrugada, un avión bastante cerca de la cárcel, el verdugo creyó que traían el indulto y empezó a echar maldiciones ya que pensaba que se iba a quedar sin cobrar por falta de ejecuciones. Se encontraba a su lado Cayetano Súnico, funcionario en la prisión de Sevilla, cuando ésta se encontraba en el número 1 de la calle Mariano Benlliure. Llevaba más de cuarenta años trabajando en la prisión. Su padre fue director de la cárcel Carmona y allí conoció a un preso excepcional: Julián Besteiro.
El de las maldiciones era verdugo titular de la Audiencia Territorial de Sevilla. Se llamaba Bernardo Sánchez Bascuñana, natural de Carrión de los Céspedes. Ya había ejecutado a diecisiete reos. Se estrenó el año 1949, en Huelva, con una mujer que era prima suya.
El de las maldiciones era verdugo titular de la Audiencia Territorial de Sevilla. Se llamaba Bernardo Sánchez Bascuñana, natural de Carrión de los Céspedes. Ya había ejecutado a diecisiete reos. Se estrenó el año 1949, en Huelva, con una mujer que era prima suya.
