Como me resultaba sospechoso su cargo, dije a Francisco Vélez Nieto, Encargado General de Itálica ¿avanzas o retrocedes? Sin dudarlo, contestó que lo suyo era partir, siempre partir, porque la vuelta está segura.
-¿En qué estación adquiriste el billete de regreso?
-En la de mi infancia, mientras aprendía, con mi padre a ser carpintero, que fue mi primer oficio.
-Perdona ahora mi curiosidad, ¿has sido también sepulturero?
-Quizá haya enterrado a más de uno, como crítico literario.
-¿Qué haces como Encargado General de Itálica?
-Cuido las piedras de la patria chica de Trajano y Adriano. Como verás, mi oficio es todo lo contrario a trabajar en una fábrica de armas.
-¿Forma parte de tu tarea poner rosas frescas en las huellas que dejaron Trajano y Adriano?
-No. Las rosas no deben cortarse. Es mejor que nazcan y mueran en el rosal.
Francisco Vélez Nieto acababa de sufrir, sin graves consecuencias, una invasión de recuerdos. Le gustaron. Los ordenó. Y para que no se lo escaparan los metió, sin lastimarlos, en un libro que no tiene nombre de inteligencia sino de “Memoria ante el espejo”.
-¿En qué estación adquiriste el billete de regreso?
-En la de mi infancia, mientras aprendía, con mi padre a ser carpintero, que fue mi primer oficio.
-Perdona ahora mi curiosidad, ¿has sido también sepulturero?
-Quizá haya enterrado a más de uno, como crítico literario.
-¿Qué haces como Encargado General de Itálica?
-Cuido las piedras de la patria chica de Trajano y Adriano. Como verás, mi oficio es todo lo contrario a trabajar en una fábrica de armas.
-¿Forma parte de tu tarea poner rosas frescas en las huellas que dejaron Trajano y Adriano?
-No. Las rosas no deben cortarse. Es mejor que nazcan y mueran en el rosal.
Francisco Vélez Nieto acababa de sufrir, sin graves consecuencias, una invasión de recuerdos. Le gustaron. Los ordenó. Y para que no se lo escaparan los metió, sin lastimarlos, en un libro que no tiene nombre de inteligencia sino de “Memoria ante el espejo”.