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miércoles, 22 de enero de 2014

Le relacionaban más con el bisturí que con la política

Diego de los Santos era entonces profesor titular de Universidad en la Facultad de Medicina de Sevilla, donde impartía clases y dirigía dos equipos de investigación que realizaban trabajos experimentales sobre trasplantes de páncreas en perros. En el Virgen del Rocío enseñaba a un grupo de sexto curso. Tenía 49 años y pesaba 78 kilos. Había comenzado a hacer gimnasia porque su hijo Diego, que hacía Biológicas, le regaló unos instrumentos  para hacer ejercicios de remo, con los primeros ingresos que había obtenido  con un pequeño negocio. Los otros hermanos, sin negocios, eran Pablo que hacía Derecho y Sandra que estaba en el Instituto.
-¿En cual de tus hijos te ves reflejado?
-En ninguno de los tres. Son muy suyos y esto es quizá mi mayor alegría. Ellos relativizan el sentido del deber. Es una conquista. Yo tengo un sentido del deber muy de mi generación y mi padre todavía  lo tenía más, porque es de otra generación más dura.
-¿Qué edad tiene tu padre?
-Ochenta años. También es médico, pero cuando se jubiló  empezó enseguida a padecer demencia senil.
-¿Sufres con él?
-Mucho. Y él también, porque mi padre tenía miedo a la indignidad, como lo tengo yo. Se da cuenta de que está en una situación indigna físicamente, en la que no puede valerse por sí mismo. 

lunes, 14 de noviembre de 2011

Del brazo en alto a la mano abierta

Luís Uruñuela tuvo más suerte que su antecesor como alcalde de Sevilla. Nos referimos a su antecesor elegido democráticamente: Horacio Hermoso, político republicano,  fusilado, sin miramientos jurídicos, por orden del general Queipo de Llano en septiembre de 1936. Los restos mortales del general, que defecó en el 5º mandamiento de la Ley de Dios, reposan cristianamente en la basílica de la Macarena.
Es sabido que Luís Uruñuela cantó el himno nacional con el brazo en alto cuando niño en el colegio  y siendo más mayor cantó el himno de Andalucía con la mano abierta, que para él simbolizaba  la grandeza del pueblo andaluz.  Los que le conocen bien dicen que se puede confiar en él y que siempre le mueve el sentido de responsabilidad.
 No se si la víspera del 18 de julio de 1969 asistió a la boda de Felipe González y Carmen Romero en el Monasterio de Loreto. Es probable que sí, porque la pareja contrajo matrimonio civil por poderes el 16 de julio y fue Luís Uruñuela el que representó al novio, porque éste se encontraba aquel día en Burdeos liado ya con cosas del PSOE.

miércoles, 31 de agosto de 2011

A la salida de un entierro

Juan Álvarez Ossorio
El profesor Ruiz Lagos sabía que su amigo Emilio Lemos, de 82 años, tenía hecho testamento, pero desconocía  cómo deseaba  ser enterrado. Los dos habían asistido al sepelio de Juan Álvarez Ossorio, último presidente  de las  Juntas Liberalistas de Andalucía. Vieron cómo entró en la iglesia el féretro sin bandera. Pensaban  que así debe presentarse un hombre ante Dios. Después fue cubierto con la bandera andaluza cuando los amigos lo llevaban a hombros.
 “Afortunadamente Juan ha sido enterrado como había querido. Después de 50  años de lucha se ha ganado a pulso dos metros de tierra en Andalucía y ser cubierto con la bandera andaluza” comentó Lemos a su amigo. Advirtieron las ausencias. Ni la Diputación ni el Ayuntamiento habían estado representados sabiendo que Juan Álvarez Ossorio fue depurado como funcionario por el régimen franquista. Esperaban  un reconocimiento de la ciudad a la que sirvió.

jueves, 28 de abril de 2011

El libro favorito de Blas Infante

Emilio Lemos Ortega, medalla de oro de Andalucía a título póstumo, vivía en una casa en la que siete siglos antes residió un funcionario árabe que trabajaba en los Reales Alcázares. Tiene tres plantas y veinte habitaciones. Está en el número 7 de la calle Ortiz de Zúñiga.

Cuando joven, Emilio Lemos, que fue secretario de las Juventudes Libertarias, montó un negocio de escobas de palma en Brenes. Las vendía por vagones a las grandes capitales. Después fue fabricante de “Anís del mono” y representante de una empresa de vermouth de Italia.
-¿Recuerda a algunos buenos clientes?
-A Rafael Ochoa, el confitero, a Francisco Chico Ganga, que tenía un almacén de zapatos y, sobre todo, a Manuel Rufo Gil, que me presentó a Blas Infante y a otros andalucistas fisiócratas.