El rejoneador Ángel Peralta dijo a su primo Daniel Pineda Novo: “Ven conmigo a todas las plazas en donde yo toree y recoge todo el ambiente de la fiesta y haz crónicas taurinas como las hicieron Ramón Pérez de Ayala, que era muy belmontista y como Azorin, que era mucho de Joselito El Gallo”.
Buena opinión tenía el rejoneador de su pariente: le confiaba hacer en colaboración un libro, al que ya había buscado título. Se llamaría “Desde mi caballo”.
Daniel, licenciado en Filosofía y Letras, se montó gustoso en la idea. Y pensó que con la experiencia de sus veinte obras publicadas, la tarea no le resultaría dificil.
Consideraba al rejoneador, persona sobria y apasionada, con gran inteligencia e identificado con sus caballos, a los que habla y mima. Le constaba que se desvivía por los ancianos, quizá porque su madre tenía 86 años. Era tan guapa que en ella se inspiraron los hermanos Álvarez Quintero para escribir “Puebla de las mujeres”.
Buena opinión tenía el rejoneador de su pariente: le confiaba hacer en colaboración un libro, al que ya había buscado título. Se llamaría “Desde mi caballo”.
Daniel, licenciado en Filosofía y Letras, se montó gustoso en la idea. Y pensó que con la experiencia de sus veinte obras publicadas, la tarea no le resultaría dificil.
Consideraba al rejoneador, persona sobria y apasionada, con gran inteligencia e identificado con sus caballos, a los que habla y mima. Le constaba que se desvivía por los ancianos, quizá porque su madre tenía 86 años. Era tan guapa que en ella se inspiraron los hermanos Álvarez Quintero para escribir “Puebla de las mujeres”.
