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lunes, 4 de febrero de 2013

Un cura sincerote

Imagen tomada
del Archivo de ABC.
  
Todavía no era sacerdote cuando Federico Pérez Estudillo se hizo socio del Sevilla. Era el año 1930. El primer partido que vio lo recordaba con alegría, porque los blancos ganaron al Oviedo por cuatro a cero. También se llevó un gran susto cuando, durante el encuentro, el delantero centro Guillermo Campanal golpeó involuntariamente en la cara al portero ovetense. Éste fue retirado del campo con el rostro ensangrentado e inconsciente.
Después supo Pérez Estudillo lo que ocurrió en la enfermería. El jugador continuaba sin recobrar el conocimiento. Entró el entonces médico del Sevilla, don Antonio Leal Graciani. Levantó el párpado de uno de los ojos del portero resinado y dijo con gran desolación a los directivos del Oviedo:
─Este muchacho se ha muerto.
Y ocurrió lo que desconcertó al doctor Leal: oyó risas de los mencionados directivos.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Un cura: rezar por los béticos es superior a mis fuerzas

Siendo sacerdote bailó flamenco, en un bautizo, con Tina, la señora que tenía un quiosco en la Plaza Nueva. Y toreó varias  veces. La última, en la ganadería de Gabriel Rojas, cuando el Sevilla subió a Primera División.
El padre Federico Pérez Estudillo era Capellán Real, capellán de la Maestranza, Premio Ondas 1971 por la misa flamenca que cantó en Florencia y capellán suplente del Sevilla…
Para estar más cerca de la Catedral vivía en una casa de la calle Arfe que le vendió un amigo suyo, el torero Pepín Martín Vázquez, por tres millones y medio de pesetas.
Desayunaba  en un bar que era de  Doménech, el antiguo jugador del Sevilla, y de un bético. Casi siempre comía en Trifón a base de dos tapas y un vaso de vino.