El presidente del Parlamento de Andalucía, Manuel Gracia, llegó a ser un día más flor que abeja. Me explico: donó salud, sangre, al Centro de Transfusión Sanguínea de Sevilla. El acto, que él donante calificó de sencillo, tuvo lugar en el antiguo Hospital de las Cinco Llagas, sede actual de la asamblea de los representantes del pueblo andaluz. Siguieron su ejemplo los que pudieron: algo más de treinta.
La fotografía que aparece en este comentario echa humo. Corresponde a los tiempos en que el presidente del Parlamento era Consejero de la Junta de Andalucía. Se aprecia la irreverencia encendida que comete con sus pulmones.
¡Pero, hombre! ¿Qué está haciendo con el cigarrillo entre el pulgar y el dedo corazón de su mano izquierda?
Se merecía que le hubieran dicho en aquella ocasión: ¡deje de fumar que tiene que donar sangre cuando llegue a presidir el Parlamento Andaluz! Pero entonces no había profetas.
Manuel Gracia se embarcó en el PSOE en 1975, cuando en el partido ya casi todo estaba hecho: “Isidoro” había recobrado su verdadera identidad.
La fotografía que aparece en este comentario echa humo. Corresponde a los tiempos en que el presidente del Parlamento era Consejero de la Junta de Andalucía. Se aprecia la irreverencia encendida que comete con sus pulmones.
¡Pero, hombre! ¿Qué está haciendo con el cigarrillo entre el pulgar y el dedo corazón de su mano izquierda?
Se merecía que le hubieran dicho en aquella ocasión: ¡deje de fumar que tiene que donar sangre cuando llegue a presidir el Parlamento Andaluz! Pero entonces no había profetas.
Manuel Gracia se embarcó en el PSOE en 1975, cuando en el partido ya casi todo estaba hecho: “Isidoro” había recobrado su verdadera identidad.
