Encontrar a un niño de tres años y medio con un libro en las manos en tiempo de vacaciones no es un hallazgo fácil. Y si le preguntas ¿qué haces, Javi? y no te responde es que está muy concentrado. Hay que aprovecharse de la situación, hay que asaltar su intimidad. Lo fotografío con el móvil. Miro el resultado: él ha salido muy bien y también la portada del libro. Se titula “La comunicación no verbal”. A este paso puedo lograr que el niño hable por señas y me cuente con la mirada y con las manos quién le ha puesto en contacto con la obra que aparentemente lee. Al no recibir señales de vida, comienzan mis sospechas. ¿Qué experimentará y hará con sus pensamientos este pequeño impostor? Resuelto. Se sentía autorizado a cumplir una importante misión: distribuir las letras del libro en dos cucuruchos. En uno echaría las que se pareciesen a la “seño” de la guardería que no sabe reír.
Por este motivo permanecerían atadas a la portada del libro hasta que la leyese el oso Winnie el próximo invierno.
