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domingo, 14 de abril de 2013

¿Carne o pescado?

Abrió el cadáver. Lo estudió. Miró el reloj. Faltaba una hora para asistir al banquete, al que había sido invitado. Sin saber por qué,  se acordó de dos profesores que para él eran modelos de honestidad: 
-De don José Domínguez Martínez  aprendí el espíritu de autocrítica para cuidar lo que se escribe  en los informes periciales. Don Cesáreo  Ramos me  enseñó a  no ser un forense señorito, sino un forense que de verdad realiza personalmente el trabajo.
    El profesor Frontela dirigía entonces el Instituto de Medicina Legal  y Ciencias Forenses de la Universidad de Sevilla. El estar, profesionalmente, con muertos no le robaba alegría. Pensaba que una autopsia es un trabajo como otro cualquiera y, por lo tanto, no tenía inconveniente en acudir a un ágape, que también es una obligación social.
    Uno de los pocos placeres que se permitía este catedrático de Medicina Legal  era  el de la comida.
-¿Carne o pescado?, le preguntó el camarero.
-Pescado, respondió
    En voz baja  comentó al compañero de mesa más cercano: No me agrada la carne casi cruda, como dicen que hay que tomarla. Cuando no tengo más remedio que comerla, prefiero que esté muy pasada.  Después le habló de sus frecuentes viajes a Londres y a  Nueva York, lugares donde intercambiaba experiencias con Scotland Yark y el FBI, sobre criminalística e investigación criminal.

miércoles, 18 de enero de 2012

Antes de empezar las autopsias observa sus caras

Son pocos los cadáveres que tienen una expresión de crispación, me comentó el médico forense Fernando Heredia Martínez. Casi todos presentan un aspecto de serenidad, de sueño, de placidez, de descanso. Esto, añade, responde a esas expresiones de “la vida es sueño” y “el sueño de la muerte”.
Comprende que los familiares de un difunto piensen en lo violento que es la autopsia. Les da la razón porque las operaciones para la práctica de la misma son duras. Con una sierra eléctrica se abre el cuero cabelludo por la mitad de la cabeza. Se lleva una parte del pelo hasta la frente y la otra, hacia atrás. De esta manera se puede coser después y no queda desfigurado el rostro. Luego se abre el cráneo, el tórax y el abdomen si son hombres. Y si son mujeres la cavidad pelviana para averiguar si están embarazadas.
El está habituado a hacer las autopsias, pero hay casos que le impresionan, como el de la joven que se ahorcó. Estaba casada, en buena posición social, su marido trabajando. Se ahorcó de repente. Cuando le practicó la autopsia, encontró que tenía un feto de mes y medio o dos meses. Era una mujer sin antecedentes psiquiátricos.