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viernes, 14 de noviembre de 2014

Utrera Molina y Sevilla

Los metalúrgicos sevillanos solicitaron por escrito a la Delegación de Sindicatos el salón de actos para celebrar una asamblea con motivo del 1 de mayo. Corría el año 1967  y era gobernador civil de Sevilla Utrera Molina. La petición fue denegada. Ante este contratiempo, consiguieron permiso para asistir a una conferencia sobre el 1 de mayo desde el punto de vista cristiano en el Palacio Arzobispal. Eran 2.000 trabajadores. Al finalizar el acto pidieron a gritos sindicatos libres y amnistía para los presos políticos. Los gritos fueron escuchados en la Plaza de la Virgen de los Reyes, que estaba tomada por la Policía Armada. Comenzaron a salir lentamente del edificio para manifestarse. 
Cuando pasaron por la calle Alemanes eran seguidos muy de cerca por los agentes del orden. El número de manifestantes mermó: quedarían de los 2.000 unos 200. Al llegar a la puerta del Banco de España, la Policía comenzó a dispersarlos. En aquel momento. aparecieron miembros de la temida Brigada Político Social. Un manifestante dijo:“Esos vienen a por nosotros”. Llegaron y ordenaron a varios miembros de la Policía Armada que detuvieran a Fernando Soto y a Eduardo Saborido. Los esposaron con las manos atrás y los hicieron subir, a empujones, a un furgón policial. El gobernador Utrera Molina ordenó su ingreso en prisión a disposición de la autoridad judicial.

miércoles, 16 de julio de 2014

Palabra de Fernando Soto

Agonizaba José María Javierre. Loa numerosos asistentes a la presentación del libro “Tiempo de riesgos” ignoraban que se estaba apagando la vida de un sacerdote que ejerció con peligro el periodismo. Después de las intervenciones programadas, el actual director de la SER, Antonio Hernández Rodicio, preguntó si alguien quería hacer alguna pregunta al autor de la obra. “No. Es mejor que lo celebremos ya con una copa”. Era la voz de Fernando Soto, que se encontraba entre el público. Sonó una ovación como premio a su simpatía. Algo más que esto queda de Fernando. Hay palabras suyas que están grabadas en un magnetofón y en el corazón de un amigo: 
 “Siempre he estado convencido de que no hay que reclamar retóricamente los derechos, sino ejercerlos, incluido el derecho a manifestarse. El 1 de mayo de 1967 a Eduardo Saborido y a mí la policía nos esposó con las manos atrás y, a empujones, nos hicieron subir a un furgón policial y después ingresamos en prisión”.
Fernando estaba casado con Maria Mendoza. Con ella no pudo celebrar el décimo cuarto aniversario de boda porque aquella noche del mes de agosto iba esposado con Eduardo Saborido en un vehículo de la Guardia Civil en dirección a la cárcel de Jaén. Venían de la de Carabanchel.

martes, 25 de febrero de 2014

La salud de un veterano líder sindical

No se me olvida el 14 aniversario de la boda de Fernando Soto por lo extraño de su celebración. Una calurosa noche de agosto hizo un viaje desde la cárcel de Carabanchel a la de Jaén en un furgón policial. Llevaba como compañero de excursión a Eduardo Saborido. Los dos líderes sindicales iban debidamente esposados.
Fernando estuvo privado de libertad tres años, cinco meses y varios días por el “Proceso 1001”. En sus tiempos de preso, una de sus principales preocupaciones era mantenerse muy bien informado de lo que ocurría en el país. Se enteraba de casi todo. Pero tal vez no estuviera al tanto de que en las cárceles, hospitales y edificios públicos había amianto. No ocurría nada siempre que las edificaciones no se resquebrajaran y liberasen polvo de amianto. La persona que no se protegía de este tóxico ambiental, al cabo de veinte o cuarenta años, podía enfermar.
“Ecologistas en acción” piden un inventario de todo el amianto existente en España, un plan de desamiantado y aplicar el principio de que el contamine pague.
Por un gran amigo de Fernando Soto he sabido que está un poco pachucho. Y que, en los primeros momentos, el profesional o la profesional que lo atendió en la Seguridad Social se olvidó de que la salud es la gran riqueza de los pacientes. No atenderlos como se merecen es arruinarlos.